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Alvaro Lozano

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Lenguaje y representacion ¿Una nueva cultura para las mujeres?

 

No quiero ir sembrando lágrimas por el camino de la vida.

Ni atravesar desiertos de carne caída de mujeres.

Quiero levantar la mano para elegir mi libertad, no más dolor

ni violencia ni mutilaciones femeninas…

Quiero caminar por jardines con pétalos de estrellas

sin utopías ni promesas postmodernas…

 

Quiero construir mi espacio con torres de marfil

darle a mi nombre un sonoro nombre

al fin y al cabo me lo encuentro en todas partes

en la mar, en el cielo  y aun en los regalos…

Quiero brindarme un triunfo a mi lucha sin vencer

darle un momento de sosiego a mi mundo dislocado

o al menos… un sentido a mis palabras.

                                                                      

Dora Ma. de la Torre Lozano

 

      

El lenguaje es el medio más importante que tenemos para comunicarnos. Gracias a él podemos nombrar las cosas, podemos construir el mundo y a veces desconstruirlo. También elaboramos conceptos y teorías, sin embargo, no siempre resulta fácil, sobre todo cuando no hay consenso para hacerlo. Mi propósito en este trabajo es señalar cómo ciertos conceptos influyen en nuestra manera de ver el mundo y de comportarnos. Uno de ellos es el de cultura, entendido como formas de vida estructuradas por el poder y la representación. 

    Muchas mujeres se han visto envueltas en una lucha por su emancipación, por darse un lugar con igualdades y derechos en relación a los hombres. Pero tal subordinación se ha dado por cuestiones culturales y sociales. ¿Cómo entenderlo? ¿Cómo nos hemos visto relegadas a un espacio más privado mientras que los hombres ocupan un espacio público?

    Michelle Zimbalist Rosaldo explica que tal oposición aporta un modelo universal para conceptualizar las actividades de los sexos.[1] Así las mujeres cuidan a los niños, limpian la casa, van de compras y su mayor felicidad la encuentran en ver a sus hijos realizados y si son hombres mucho mejor, pues llevarán una vida reconocida y de prestigio: pública.

    Tal parece que es su destino porque así lo dicta la sociedad y la cultura que representan a las mujeres como seres diferentes, incapaces de llevar una carrera pública. La autora señala que “los hombres crean y controlan un orden social en el que compiten como individuos (…) en la mayoría de las sociedades encontramos relativamente pocas formas para expresar las diferencias entre las mujeres”.[2]

     En su opinión, se las piensa sólo como hermanas, esposas y madres pues cumplen un rol social y una definición por su edad o parentesco con los hombres. No sucede así con ellos pues tienen la posibilidad de conseguir una posición por su esfuerzo.  Además las mujeres “deben trabajar en un sistema social que esconde sus metas e intereses”[3] por tal motivo parecen pensar y actuar de forma diferente. Y cuando desafían los ideales del orden masculino donde se deposita el poder, “pueden ser excluidas de la autoridad y, sin embargo, ejercen todo tipo de poder informal”.[4]

    Entonces ¿Qué alternativas hay para las mujeres? la autora contesta: “introducirse en el mundo de los hombres o crear su propio mundo público. Pero quizás las sociedades más igualitarias son aquéllas en las que las esferas públicas y domésticas se diferencian poco, en las que el sexo tampoco reivindica mucha autoridad, y en las que el centro de la vida social es la propia casa”.[5] Otra forma para conseguir reconocimiento y poder para las mujeres es la afirmación de su sexualidad pero también lo puede su negación. No todas las sociedades se comportan de la misma forma, cierto, pero mientras el espacio doméstico siga siendo “dominio femenino, las sociedades de las mujeres, aunque tengan poder, nunca serán políticamente equivalentes a las de los hombres; y como en el pasado, la soberanía puede ser una metáfora para una élite femenina”. [6]

    De este modo hay nuevos escenarios en el mundo y ¿las condiciones de las mujeres han cambiado? Arjun Appadurai advierte que nos enfrentamos a un sistema cultural global, con una nueva economía que tiene que ser pensada como un “orden complejo, dislocado y repleto de yuxtaposiciones que ya no puede verse  captado en los términos de los modelos basados en el binomio centro periferia.”[7]

    Señala los llamados paisajes ideológicos combinados por dispositivos de un enfoque de mundo “ilustrada o iluminista”, que reside a su vez en una serie de ideas, términos e imágenes que envuelven los conceptos  de “libertad, del bienestar, de los derechos, de la soberanía, de la representación, lo mismo que el término de democracia.” Music Esto mismo ha conducido, en su punto de vista,  a  una disgregación diferencial de tales palabras, advierte: “las narraciones políticas que gobiernan la comunicación entre las élites y sus  seguidores en diferentes partes del mundo dieron lugar a problemas de índole semántica como pragmática”.[9] Es decir, al traducirse las palabras deben contener el mismo sentido porque los contextos son diferentes para cada país, nación o cultura. Sucede lo mismo cuando se integran al discurso político y cumplen exigencias distintas para cada escenario o contexto.[10]

    Para Claudia de Lima Costa, el contexto es siempre “el resultado de las relaciones de poder, e intervenir en él nos exige un mapeamiento de esas relaciones a fin de poder desarticularlas y rearticularlas en un nuevo contexto”.[11]  Pero nos enfrentamos al dilema de una cultura global que cambia rápidamente tanto que las “desuniones pasaron a ser centrales en la política”[12] de esa cultura.

    Un ejemplo es la desterritorialización, es decir, cuando las mercancías y las personas “se persiguen unos a otros sin cesar a través del mundo”.[13] Y en esos viajes y cambios de topografías surgen nuevas representaciones en todos  los ámbitos, uno de ellos es el cine que muchas de las veces nos presentan ideas  como la “supuesta ligereza y falta de moral de las mujeres occidentales y extranjeras, al tiempo que presentan una coartada perfecta para la carrera profesional (…) distorsionan el sentido de lo que podrían ser las relaciones entre hombres y mujeres”.[14] Otras veces dan “lugar a nuevas culturas de la masculinidad y de la violencia, que a su vez son el combustible de la creciente violencia en la política nacional e internacional.”[15]     

    Sin embargo, advierte que no se da una homogeneización de la cultura, su característica principal es “una voluntad presente de unir identidad y diferencia y con ello asirse de las dos ideas gemelas de la ilustración: la del triunfo de lo universal y la de la resistencia y la fuerza de lo particular”.[16] Se necesita que las políticas de género y violencia dejen de permear las reproducciones culturales y los medios masivos de comunicación.     

    Pero ¿Conseguimos algo las mujeres de las dislocaciones de nuestro mundo globalizado? ¿Salimos del espacio privado al que fuimos relegadas por cuestiones culturales y sociales? La respuesta no es sencilla porque aun se nos obliga pertenecer a espacios laborales con el resguardo de lo familiar, nuestra herencia:

Así, el honor de las mujeres se convierte no sólo en una armadura de estables (aunque inhumanos) sistemas de reproducción cultural sino en una nueva arena para la formación de la identidad sexual y de la política familiar, ámbito donde tanto hombres como mujeres tienen que enfrentarse a nuevas presiones en el trabajo y a nuevas fantasías de descanso y recreación.[17]    

 

Asimismo necesitamos reconceptualizar la cultura en los espacios y topografías del poder donde se contemple a las mujeres. Akhil Gupta y James Ferguson señalan: “es en la extrañeza de lo familiar, donde se hace más problemático, tanto política como conceptualmente (…) cuando el problema de la diferencia cultural es nosotros-como-otros, otros-como-nosotros, esa línea divisioria”.[18]  Es posible que con ese nuevo concepto de cultura podamos nombrarnos no como los nosotros-otros,  sino como merecedoras de ocupar el espacio público en igualdades y derechos.

     Para conseguirlo necesitamos construir nuevos discursos, nuevas ideas, nuevas teorías, nuevas representaciones a favor de las mujeres… nuevas palabras. Como bien señala Claudia de Lima Costa: “la narrativa sigue siendo el modo por antonomasia para expresar conocimiento; estrategias retóricas y elementos figurativos que intervienen siempre en nuestro conocimiento del mundo”.[19]  Y es por medio del lenguaje que podemos transformar el conocimiento, la sociedad, la cultura y un mundo diferente para las mujeres. Y no sólo para ellas, sino para todos los seres discriminados en este mundo desarticulado por las llamadas “diferencias” culturales, económicas, sociales, políticas, raza, clase, edad, condición migratoria, entre otras tantas ¿Será posible?  

    

Bibliografía:

Akhil Gupta y James Ferguson, “Beyond Culture”: Space, Identity and the Politics of Difference”, en Akhil Gupta y James Ferguson (eds.), Culture, Power, Place. Explorations in Critical Anhtropology, Duke University Press, Durham and London, 1997, pp. 33-51. 

Appadurai, Arjun, “Dislocación y diferencis en la economía cultursl global”, en Arjun, Appadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Buenos Aires, (1990) 201, FCE, Cap. 2, pp. 41-61.

De Lima Costa, Claudia, “Los estudios feministas y los culturales: la crítica feminista en diferentes topografías”, en Argumentos, N. 34, dic. 1999, pp. 67-82.  

Zimbalist Rosaldo, Michelle, “Mujer, cultura y sociedad: una visión teórica”, en: Harris, Olivia y Kate Young (compiladoras). Antropología y feminismo. Editorial Anagrama, Barcelona, 1979, pp. 153-181.       



[1] Michel, Zimbalist Rosaldo. “Mujer, cultura y sociedad: una visión teórica”, en Harris, Olivia y Kate Young (comps.). Antropología y feminismo, p. 8.

[2] Idem, p. 11.

[3] Idem, p. 13.

[4] Idem, p. 15.

[5] Idem, p. 20.

Devil Idem, p. 26.

[7] Arjun Appadurai, “Dislocación y diferencia en la economía global”, en Arjun, Appadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, p. 7.

Music Idem, p. 12.

[9] Ibidem, p. 12.

[10] Ver Idem, p. 13.

[11] Claudia de Lima Costa, “Los estudios feministas y los culturales: la crítica cultural feminista en diferentes topografías”, en Argumentos, N. 34, dic. 1999, p. 71.

[12]  Arjun Appadurai, “Dislocación y diferencia en la economía global”, en Arjun, Appadurai, La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización, p. 14.

[13] Idem, p. 15.

[14] Ibiem,

[15] Idem, p. 18.

[16] Idem, p. 20.

[17] Idem, p. 24.

[18] Gupta Akhil y James Ferguson, “Beyond Culture”: Space, Identity and the Politics of Difference”, en Akhil Gupta y James Ferguson (eds.), Culture, Power, Place. Explorations in Critical Anhtropology, p. 19. 

[19] Claudia de Lima Costa. “Los estudios feministas y los culturales: la crítica feminista en diferentes topografías”, en Argumentos, N. 34, dic. 1999, p. 68.

 

 

 

 

Posted: Thursday, July 18, 2013 4:59 PM by Alvaro Lozano

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